Chihuahua: El vuelo de la resistencia Rarámuri

La comunidad rarámuri de Mogótavo se encuentra en una meseta en lo alto de las barrancas del Cobre, en la Sierra Tarahumara, que poco a poco han sido invadidas por proyectos que llegaron desde fuera sin consultar a los pueblos. Un tren, hoteles de lujo, un parque de diversiones con tirolesas y teleférico, tala ilegal, minería. A esta larga lista, se sumó recientemente un gasoducto que recorre la sierra desde Texas a Sinaloa y fue derribando el bosque a su paso. Para defenderse del despojo, la comunidad decidió organizarse, crear una asociación civil formada únicamente por personas raramuris y exigir que se respetara la decisión colectiva de la comunidad.

Organización comunitaria y lucha legal por el territorio. Frente al despojo, la comunidad rarámuri de Mogótavo responde con organización y resistencia. Desde acciones legales como amparos para frenar el gasoducto, hasta procesos de consulta exigidos por derecho, la comunidad ha aprendido a combinar su sistema de asamblea con herramientas legales. Las decisiones se toman de forma colectiva, y la lucha se sostiene en reuniones semanales, estrategias jurídicas, mapeos del territorio y denuncias públicas. Todo esto ha sido clave para frenar el avance de obras sin consentimiento.

Defensa del territorio como defensa del entorno y la vida. El relato deja ver que defender el territorio no es solo una cuestión legal, sino vital: implica proteger el bosque, los animales, el agua, y la forma de vida rarámuri. La tala, el turismo descontrolado y la construcción del gasoducto ya han dejado cicatrices visibles e irreversibles. La comunidad rechaza las compensaciones individuales y opta por mantener el uso común de la tierra, resistiendo las presiones y divisiones que intentan imponer las empresas.

Autonomía y construcción de herramientas propias: Awé Tibúame. La creación de la asociación civil Awé Tibúame marca un punto de inflexión en la lucha: es una organización nacida desde la comunidad para canalizar recursos y fortalecer proyectos propios. Conformada exclusivamente por personas rarámuris y asesorada por aliados de confianza, esta estructura permite acceder a financiamiento, gestionar talleres, reforzar la educación y proteger el tejido comunitario sin intermediarios externos que impongan agendas. Es una apuesta por la autonomía real.

Lucha intergeneracional y fortalecimiento del tejido comunitario. La resistencia de Mogótavo es posible gracias a una lucha compartida entre generaciones. Niñas, niños, jóvenes, madres, mayores y autoridades tradicionales participan en asambleas, rituales y protestas. Desde la escuela “Rebelión del Tarahumara” hasta el colectivo de costureras Mukí Sumi, las iniciativas fortalecen la identidad cultural y la cohesión social. En un contexto de amenazas constantes, la comunidad apuesta por la unidad, el arraigo y el futuro colectivo como formas de resistencia.

Despojo territorial y megaproyectos sin consulta. La historia muestra cómo el territorio rarámuri ha sido invadido por trenes, hoteles de lujo, carreteras y gasoductos sin que la comunidad fuera consultada, violando su derecho a decidir sobre su tierra. A pesar de habitar Mogótavo desde hace más de un siglo, no cuentan con títulos de propiedad, lo que facilita el avance de intereses privados y gubernamentales. La expansión turística y energética se impone, ignorando la relación espiritual y cultural que los rarámuris mantienen con su entorno.

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